Años 60. Programa Mercury. Los científicos de la NASA diseñaron todas las cápsulas con un control totalmente automático, reduciendo a los astronautas al papel de meros pasajeros (Chuck Yeager los describió como "carne en lata"), algo que no gustaba un pelo.
15 de mayo de 1.963. El teniente Gordon Cooper duerme en la cápsula mientras espera el lanzamiento (yo si estuviera encima de un cohete lleno hasta los huevos de keroseno y oxígeno líquido tendría el culo tan cerrado que cagaría por la boca).
A las 8:04 (hora de la Costa Este) es lanzado al espacio en la nave Mercury-Atlas 9 (bautizada como Faith 7). Tras 19 órbitas (a casi 8 km/s), de repende se encendió el indicador de 0,05g. El indicador estaba estropeado, ya que la nave no estaba efectuando la reentrada.
En la órbita nº20, Cooper perdió todas las indicaciones de altitud.
En la órbita 21, hubo un cortocircuito en el bus que alimentaba el inversor principal de 250V. Esto dejo a los sistemas de estabilización y control de altitud sin corriente. Antes de fallar, el indicador de nivel de dióxido de carbono mostró que la concentración estaba subiendo, tanto en la cápsula como en el traje. La temperatura de la cápsula subió hasta los 38°C.
En lugar de llorar como magdalenas y acordarnos de la madre de los ingenieros eléctricos que diseñaron esa mierda, como hubiéramos hecho TODOS, Gordon Cooper, junto con John Glenn (que estaba a bordo del Coastal Sentry Quebec, cerca de Japón), ideó un plan para poder aterrizar sano y salvo demasiado fantástico para hacer una película con él.
Hizo marcas en las ventanillas para poder saber la orientación de la cápsula con respecto a las estrellas, calculó el ángulo correcto de reentrada y manejó los retrocohetes de la cápsula a mano, agachándose y activando y desactivando los relés de las válvulas de combustible, tomando los tiempos con su reloj de pulsera.
Durante la reentrada, tuvo que manualmente desplegar los 2 paracaídas y los flotadores de la cápsula, amerizando finalmente a 6 kilómetros del barco principal de rescate, el USS Kearsarge: el amerizaje más exacto hasta entonces.
¿Sabéis que dijo?:
"...era justamente lo que queríamos hacer desde siempre. Así que esto me ha dado la oportunidad de hacer lo que queríamos hacer."
Foto retocada para hacer más pequeñas sus pelotas

OMG! Ese tío podría haber roto piedras lunares a golpe de escroto! Si chuk norris mira debajo de la cama antes de dormir por si está perez reverte, perez reverte mira a ver si está Gordon Cooper!
ResponderEliminarQue hubieras hecho tu? Dejarte morir? Ese tío no es un héroe por lo que hizo, sino un producto de la NASA cojonudamente bien hecho (a diferencia de la nave), al que le sucedió la extraña posibilidad de poner en práctica sus conocimientos.
ResponderEliminarLa historia, eso sí, es impresionante. Excelente post!
Para mi el hecho de que sea capaz de superar el pánico a una muerte cierta y manteniendo la calma realizar manualmente y de una manera imaginativa lo que haría el módulo lunar (sin casino y sin furcias) de manera automática lo convierte en un héroe.
ResponderEliminarYo me parecería más a Howard Wollowitz.
De hecho, te pareces más a él.
ResponderEliminarPero en cualquier caso, Wollowitz tenía la misma preparación como astronauta que tú, a diferencia de Cooper. Me parecería un héroe si hubiera hecho todo eso por salvar a alguien que no fuera a sí mismo, y de manera desinteresada.
No, no fue un valiente héroe, fue un auténtico profesional. A día de hoy son términos confundibles, por desgracia.