STANLEY KUBRIK Y EL DIAFRAGMA.
¿Sabéis qué es el diafragma de una cámara de fotos? Claro
que sí. Es el mecanismo ese que le da amplitud o se la quita a la cantidad de
luz que entra a la cámara. Ese que está formado por láminas que parecen la
puerta de una nave espacial concebida en los 70.
Incluso sabréis que el uso del diafragma tiene mucho que ver
con la profundidad de campo. Cuanto más grande sea la apertura, es decir,
cuanta más luz entre en un objetivo, más pequeña será la profundidad de campo.
O lo que viene a ser lo mismo, cuanta más luz entre, más desenfocado se verá el
fondo.
No es eso exactamente, más bien quiere decir que la
distancia que se podrá mantener enfocada será menor.
Es mucho más fácil ver esto en fotos y esquemas:
Hay unos ocho millones de páginas web dónde se explica
exactamente cómo funciona, y cómo se usa la nomenclatura específica de la
apertura de foco. Así que no voy a hacer un recopilatorio, pero sí un refresco
de memoria.
Las aperturas de diafragma, o de foco se describen con la
letra F seguida de una barra y un número. Cuanto menor es el número, más
abierto está el diafragma, y por lo tanto más luz entra, y más corta es la
profundidad de campo. Y viceversa.
Todo esto es una introducción para lo que quiero contar en
este post. Mi intención no era hacer un tratado de fotografía, sino contar
curiosidades. Y tengo dos en la chistera. A ver si os gustan.
Para empezar, me sorprendió mucho descubrir que la
nomenclatura de las aperturas, los dichosos F, no se corresponden con una
amplitud concreta en cada objetivo y cámara. Lo normal es suponer que si
colocas tu cámara de fotos en F/1.8, le estas diciendo que abra las laminillas
para dejar un hueco de x milímetros de diámetro, no? Y si selecciono F/11, la
amplitud se cerrará hasta dejar un hueco mucho menor.
Pues lo curioso del funcionamiento del diafragma es que esas
longitudes de diámetro no son constantes. No me refiero a que cada objetivo
tenga un área definida para cada abertura, sino que esa área variará en función
de la longitud focal.
Es decir, que si yo le digo a mi cámara que quiero una
abertura de F/5,6, la maquina irá ajustando el área que deja pasar la luz en
función de si “hago más o menos zoom”.
Una vez más, esto es mucho más fácil de entender con unas
fotos.
Esto es bastante curioso, porque si alguna vez habéis usado
una réflex, o vuestra cámara permite el modo manual, lo que normalmente
controla el fotógrafo es la velocidad de obturación, la apertura de diafragma y
la sensibilidad de la película. Esos son los tres únicos controles que hay para
hacer una fotografía. Y resulta que los otros dos (la sensibilidad y la
velocidad de obturación) son dos controles que se ajustan a una realidad
palpable. Es decir, que si hago una foto a una velocidad de obturación 1/60,
efectivamente, le estoy ordenando a la maquinita que el obturador permanezca
abierto un tiempo concreto. Si le digo que quiero un ISO 800, se estoy diciendo
que quiero que utilice una película con unas características concretas.
Peeeeero si le digo que quiero una apertura F/5,6, le estoy diciendo que se
apañe como quiera, pero que la apertura se ajuste al estándar internacional
F/5.6.
¿Yeso que-eh?.
[Ya tenía una buena parte de la explicación redactada,
cuando me he dado cuenta de que estaba sacando todos los datos de la misma
página, y que además se estaba convirtiendo en un rollo. Así que os dejo aquí
el enlace y os lo leéis si os apetece]
Pero, resumiendo, todo esto viene a decir que aunque el "agujerito" del diafragma no es constante con el número f y la focal, si lo es la luminosidad que llega al sensor. Por ejemplo, en un 50mm si miráis veréis que el diafragama que a F/8 es de un cierto tamaño, en un objetivo de 200mm es mucho mayor con el mismo diafragma (F/8), cosa que en principio no se espera, y aun asi la luz que llega a los dos sensores a través de cada uno de los objetivos es la misma. Y ¿cuánta luz es?... Efectivamente, F/8.
Pero, resumiendo, todo esto viene a decir que aunque el "agujerito" del diafragma no es constante con el número f y la focal, si lo es la luminosidad que llega al sensor. Por ejemplo, en un 50mm si miráis veréis que el diafragama que a F/8 es de un cierto tamaño, en un objetivo de 200mm es mucho mayor con el mismo diafragma (F/8), cosa que en principio no se espera, y aun asi la luz que llega a los dos sensores a través de cada uno de los objetivos es la misma. Y ¿cuánta luz es?... Efectivamente, F/8.
… y vamos ahora con Stanley.
Es genial tener un objetivo con una gran amplitud. Yo tengo
uno de 50mm de focal fija y F/1.8. Para un profesional eso es una ridiculez,
pero si lo comparas con los F/3.5 que trae el objetivo 18-55mm que traen todas
las reflex, o con los F4.5 de mi telezoom de 300mm, estoy ganando muchísima
luminosidad cada vez que le pongo ese “ojito” a mi cámara.
Para tener esa apertura tan grande a un precio que yo estaba
dispuesto a pagar, tuve que renunciar a que dicho objetivo tuviera “zoom”. Nada
de mecanismos. Sólo una lente y un anillo de enfoque.
Con lentes así, puedes hacer retratos muy chulos, pues a
F/1.8, la profundidad de campo es tan reducida que en la foto de una cara es
capaz de enfocarte sólo los ojos del sujeto, dando lugar a una visión que se
corresponde mucho a cómo miramos a las caras con los ojos y el cerebro.
Uno de los primeros que hice (y que ya vísteis en
tiradlepiedras), y otro posterior. Y de paso os presento a mi Sofía, para los
que no la conozcáis (al poco de nacer, y ahora, con dos añitos).
El precio de los objetivos más luminosos F/1.4 y F/1.2 se
dispara hasta los muchos cientos o miles de euros. Pero aún se pueden conseguir
objetivos con aperturas más amplias. Existen objetivos F/1, que son aquellos
que dejan pasar el 100% de la luz al sensor… y aún se puede rizar más el rizo.
El objetivo más luminoso que se ha construido es el Zeiss
Planar F/0,7 de 50mm.
Los orígenes de este objetivo se remontan a la segunda
guerra mundial, en concreto al objetivo UR-Objektive 70mm f/1,0 construido en
1941 por Zeiss Jena para equipar a una futura mira infrarroja de visión
nocturna.
Con la derrota nazi la ciudad de Jena, y con ella su
preciada industria óptica, quedan en manos soviéticas. Más adelante este “botín
de guerra”, en técnicos y equipos, será la semilla para el nacimiento de la
industria fotográfica soviética.
Sin embargo los planos de este objetivo superluminoso consiguen ser salvados de manos soviéticas, dentro del conjunto de acciones de la operación “Paperclip” y son trasladados a la Zeiss occidental que se estaba formando entonces en la Alemania Occidental con los restos del naufragio.
Saltamos en el tiempo hasta los primeros años 60, en plena carrera por la conquista de la Luna. La NASA en el marco del proyecto Apolo para la conquista de la Luna encarga a Zeiss la construcción del objetivo más luminoso posible. Zeiss, basándose en el diseño citado, desarrollará entonces el Planar 50mm F/0,7.
Sin embargo los planos de este objetivo superluminoso consiguen ser salvados de manos soviéticas, dentro del conjunto de acciones de la operación “Paperclip” y son trasladados a la Zeiss occidental que se estaba formando entonces en la Alemania Occidental con los restos del naufragio.
Saltamos en el tiempo hasta los primeros años 60, en plena carrera por la conquista de la Luna. La NASA en el marco del proyecto Apolo para la conquista de la Luna encarga a Zeiss la construcción del objetivo más luminoso posible. Zeiss, basándose en el diseño citado, desarrollará entonces el Planar 50mm F/0,7.
Sin embargo si este objetivo ha pasado a la leyenda no es
por su aportación a la carrera espacial sino gracias a Stanley Kubrik y su
película “Barry Lindon” (1975)
La historia se desarrolla a mediados del siglo XVII, gran parte de ella en interiores de castillos y palacios. Durante los trabajos de preparación de la película Kubrik estaba obsesionado con conseguir captar la iluminación propia de los castillos de la época: “…La iluminación de películas históricas me pareció siempre muy falsa. Una habitación enteramente iluminada con velas, es muy hermoso y diferente de lo que se veía comúnmente en el cine”
Se obsesionó con ser capaz de rodar las escenas de interiores sólo con la luz de las velas, para lo cual necesitó emplear el objetivo más luminoso posible “…Terminé encontrando este lente F/0,7 Zeiss: es el mas rápido que existe. Nunca fue utilizado para filmar una película. Tuve que preparar especialmente una cámara para fijarlo(…) hay que buscar en la iluminación, los decorados y el vestuario las primeras condiciones de realismo”
El objetivo fue objeto de una cirugía radical: se desmontó el diafragma, con lo que el objetivo trabajaría siempre a máxima apertura; y se cambia todo el sistema de enfoque, montándose uno externo más preciso (este cambio es fundamental pues al trabajar con aperturas tan grandes ya sabemos que la profundidad de campo es mínima).
Adaptado el objetivo, el equipo se enfrenta a un nuevo reto de Kubrik: el encuadre de 50 mm original del objetivo le parece limitado artísticamente y les solicita conseguir un encuadre más abierto, hacer el objetivo más angular. La solución la consiguen colocando frente al objetivo un adaptador marca Kollmorgen pensado inicialmente para proyectores de cine. Con este “frankestein” óptico consiguen una distancia focal de 36,5 (un encuadre más abierto) sin afectar a la luminosidad inicial F/0,7 del objetivo.
La historia se desarrolla a mediados del siglo XVII, gran parte de ella en interiores de castillos y palacios. Durante los trabajos de preparación de la película Kubrik estaba obsesionado con conseguir captar la iluminación propia de los castillos de la época: “…La iluminación de películas históricas me pareció siempre muy falsa. Una habitación enteramente iluminada con velas, es muy hermoso y diferente de lo que se veía comúnmente en el cine”
Se obsesionó con ser capaz de rodar las escenas de interiores sólo con la luz de las velas, para lo cual necesitó emplear el objetivo más luminoso posible “…Terminé encontrando este lente F/0,7 Zeiss: es el mas rápido que existe. Nunca fue utilizado para filmar una película. Tuve que preparar especialmente una cámara para fijarlo(…) hay que buscar en la iluminación, los decorados y el vestuario las primeras condiciones de realismo”
El objetivo fue objeto de una cirugía radical: se desmontó el diafragma, con lo que el objetivo trabajaría siempre a máxima apertura; y se cambia todo el sistema de enfoque, montándose uno externo más preciso (este cambio es fundamental pues al trabajar con aperturas tan grandes ya sabemos que la profundidad de campo es mínima).
Adaptado el objetivo, el equipo se enfrenta a un nuevo reto de Kubrik: el encuadre de 50 mm original del objetivo le parece limitado artísticamente y les solicita conseguir un encuadre más abierto, hacer el objetivo más angular. La solución la consiguen colocando frente al objetivo un adaptador marca Kollmorgen pensado inicialmente para proyectores de cine. Con este “frankestein” óptico consiguen una distancia focal de 36,5 (un encuadre más abierto) sin afectar a la luminosidad inicial F/0,7 del objetivo.
Las escenas rodadas con este objetivo tienen una fotografía característica. Son imágenes con foco suave, incluso ligeramente fuera de foco. Esta suavidad de la imagen, junto a los colores calidos de la iluminación de las velas, consiguen crear esa atmósfera de la época que con tanto ahínco buscaba Kubrik.
Las características del objetivo también influyeron en la forma de rodar y plantear las tomas. Kubrik tuvo que plantear tomas estáticas, con los personajes fijos en sus posiciones marcadas al milímetro, la mayor parte de las veces con los protagonistas sentados. La película ganó un merecido oscar a la mejor fotografía en 1975.
Kubrik trabajando con el objetivo.
… vaya rollo acabo de soltar. Este post me debería absolver
de pagar reclutas, al menos por un mes. :P Siempre y cuando nuestro amado y exigentísimo director lo estime así oportuno (a la mierda la democracia, vivan las caenas!)




















No has comentado lo del ojo de HAL 9000
ResponderEliminarComo diría uno de Cuevas, amantísimo director: ¡veste a la mierda!.
ResponderEliminarNo hay nada que decir del ojo de HAL, pues no era una lente funcional. Bien podría haber sido el culo de una botella de anís con una luz roja robada en la habitación de un burdel de carretera de Alabama.
ResponderEliminarHAL no ve. HAL, como Spiderman o El Orgullo De Breadbimbo, estimadísimo señor director, sencillamente no existe.
Una Nikon Nikkor 8mm F8, que como tú dices, no era una lente funcional: Kubrick rodó las escenas desde el punto de vista de HAL con una lente Curtis-Fairchild Cinerama de 160° (que era la única lente de ojo de pez que encajaba en la cámara que estaba usando).
ResponderEliminarIrrelevante. Absolutamente.
ResponderEliminarPor eso, lejos de disgustarme, me encanta el apunte. Que peazo de friki de la vieja escuela!!
;)
Por cierto, una 8mm con F/8?? Que cutre! Los grandes angulares suelen distinguirse (y ser tan caros) por tener aperturas excepcionalmente altas.
ResponderEliminarAl igual que los anos de las actrices porno.
ResponderEliminarAl igual que los anos de las actrices porno.
ResponderEliminarExcepcional comentario, digno de ser leído dos veces.
ResponderEliminarJuas! sublime post y comentarios a la altura (de cada uno). Es genial como se lo trabajaban antes para conseguir determinado efecto o iluminación, con arte e ingenio, ahora con un ordenador se hace todo, pero no queda igual. A lo mejor es por nostalgia, no se.
ResponderEliminarHay muchos efectos que se pueden conseguir aceptablemente por ordenador, y otros exclusivamente con él. Pero este en concreto únicamente se puede llevar a cabo con ópticas que permitan entrar luz suficiente al sensor. Es imposible imitarlo de una forma tan realista, porque habría que "inventarse" todo lo que no se ve, y eso no depende de una máquina, sino de los programadores. Sería un efecto grotesco en esa película. Al menos eso me parece.
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